Al día siguiente de mi entrada en la Catedral Primada de Toledo estuve en los Seminarios Mayor y Menor, con los Rectores, formadores y seminaristas, para agradecer a todos su gran labor y su entrega incondicional. Les dije que el Seminario es “la niña de los ojos” del Obispo. Es el corazón de la Iglesia que camina en Toledo. Es el corazón de la Diócesis.
Tenemos que seguir potenciando nuestros Seminarios, para que nunca nos falten abundantes vocaciones sacerdotales, tan necesarias, y que siempre son pocas para lo que necesitan nuestros pueblos, parroquias y nuestra gente.
Tenemos que estar en campaña vocacional siempre. No solo cuando toca. Por eso hay que trabajar mucho en la pastoral de infancia y juventud. Si cuidamos la vida cristiana de los monaguillos, de todos los que están en nuestras catequesis, estamos sembrando semilla vocacional. Hay que pasar de una pastoral vocacional de la espera, a una pastoral vocacional de la propuesta.
También animo a todos los sacerdotes y a los que trabajan con adolescentes y jóvenes, que trabajen el encuentro con Jesús. Lo que a todos nos movió un día a entregar nuestra vida al Señor, para ser pastores según su Corazón, fue la ayuda de un sacerdote que “se lo creía” y que nos puso en la clave del Señor
Si los grupos juveniles no ofrecen su encuentro con el Señor y luego el cuidado de esos jóvenes, a través de la dirección espiritual, de un acompañamiento personal, tan necesario, para vivir lo que nos repite el papa Francisco, que es el discernimiento de la vocación, no estamos cumpliendo con nuestra misión. Cuando un chico entra en el Seminario, por lo menos tiene que haber discernido el que no se cierra a la vocación sacerdotal y para eso quiere vivir como cristiano coherente con la fe.
Pido a todos los catequistas, y a todo el pueblo de Dios, si queremos que a nuestras parroquias y a nuestros pueblos no les falte la centralidad de la Eucaristía, el perdón de los pecados y el servicio a la comunidad, como pastores que “apacientan” al pueblo de Dios, que trasmitan en su catequesis una “cultura vocacional”.
El Papa Francisco nos recuerda a todos la necesidad de pastores misioneros. Nuestra Archidiócesis tiene la Prelatura de Moyobamba, tiene Lurín y otras muchas presencias en América, África y Asia. Es necesario que nos tomemos en serio que nuestro sacerdocio debe ser misionero. No nos podemos quedar cruzados de brazos sin hacer nada y quejándonos de lo mal que está todo. Hay que volver a descubrir la alegría de quien en Jesús “ha conocido el Amor”. Ante la campaña del Seminario, pedimos la perseverancia de los seminaristas y que sean muchos los que respondan a la llamada del Maestro. No nos podemos quedar en las dificultades que existen. Hay que ofrecer la vocación sacerdotal a todos y no cansarnos. Queda mucho por sembrar, para que nuestros niños y jóvenes descubran que la alegría más grande es gastarse y desgastarse en el servicio al Señor y a la evangelización.
Pido a la Madre Inmaculada y a san Ildefonso que el Señor nos siga bendiciendo con abundantes vocaciones al seguimiento de Jesús, como sacerdotes, porque como decía el santo Cura de Ars “El Sacerdote es el Amor del Corazón de Jesús”.
X Francisco Cerro Chaves
Arzobispo de Toledo, Primado de España












































